
En el sector de los turismos esta más claro.
Siempre he pensado que cuando alguien quiere comprar un coche, o en general se interesa por ellos por afición al motor, tiene claro que marcas diseñan y fabrican superdeportivos, cuales están mejor “posicionadas” en el mercado y cuales te aportan ese valor añadido con el buen diseño de sus modelos o una buena gestión de su marca. Digamos que tenemos un presupuesto para comprar un coche y en base a esto comenzamos a valorar otras cuestiones como son las características que en casi todos son ya las mimas y por supuesto unos mas entusiastas del diseño eligen unas firmas y otros mentalmente más perezosos se dejarán llevar por las modas.
Pero casi todo el mundo tiene más o menos claro cual es un cochazo y cual no, que aporta esta marca y que no aporta esa otra. Digamos que tenemos un mapa mental de la situación en la que se encuentran las distintas marcas, en cuanto a precio, diseño y calidad.
Esto sin embargo yo no lo tengo tan claro con las motos. Quizás solo me ocurra a mí debido a que no soy motero. Si es cierto que si me comprase una moto solo tendría algo claro su estilo. Es decir si la quiero para el campo o para la ciudad y si es para esto último si será con un aspecto más práctico, más deportivo o sin embargo con algo más de personalidad como puedan ser las legendarias Harley Davidson. Pero si quisiera comprarme una moto lo más parecida a un Porsche, Bentley, Aston Martin o Ferrari pues la verdad es que no sabría hacia donde mirar.
Esta pregunta, y escueta conclusión a la que llegué hace algún tiempo ha vuelto a mi cabeza cuando me he encontrado con este concepto de moto para la firma Ferrari.








¿Os imagináis una moto Porsche? O ¿Una Lamborghini? Entonces no habría duda de cual es cual ¿No? El diseñador de este llamativo concepto es Glinik Amir un diseñador industrial Israelí.


