Si en este blog hablo de arte en general y diseño, arquitectura o fotografía en particular, es inevitable no hablar de emociones. Emociones que uno siente al ver la obra de otros y emociones que uno tiene al expresarlas de una manera tan creativa.
¿Y qué manera más completa de expresar emociones que la música y el baile? Particularmente el ballet clásico, roza la perfección en este sentido. Emociones transmitidas de manera sublime. Con un sentimiento y pasión tan profundamente arraigado en el corazón de los bailarines, que es difícil pensar que pudieran desempeñar otro oficio. Es complicado para una persona ajena a este mundo, plantearse cómo pueden dedicarse a ello sin vivir por y para ello. Estoy seguro que tanto sacrificio, tanto entrenamiento y tantas emociones a flor de piel, les hacen convertirse además de en buenos bailarines, en magníficas personas.
Comunican, cuentan historias, y con ello nos conmueven. Escultura en sus cuerpos, música y armonía en sus movimientos, emoción y sentimientos en sus expresiones, diseño en sus coreografías, rigor y exactitud. ¿Se puede pedir algo más?






















